Ecuador y Colombia iniciaron búsqueda de los periodistas fallecidos

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Tras 20 días de sufrimiento, tanto Colombia como Ecuador confían en traer cuanto antes un poco de alivio a los familiares, del periodista Javier Ortega de 32 años, el fotógrafo Paúl Rivas de 45 y el conductor Efraín Segarra de 60 que fueron al parecer ejecutados a balazos mientras estaban encadenados, según unas fotografías que hicieron llegar los captores a un medio de prensa colombiano.

Visiblemente dolido e indignado, el presidente ecuatoriano Lenín Moreno confirmó la muerte de los periodistas el viernes, tras la aparición de unas fotos que prueban su ejecución.

En la mañana de este sábado no se conocían más detalles de las operaciones. Al pedido también se sumó el "grupo liderado por Guacho", agregó el organismo.

Los mandatarios que asistieron en Lima a la VIII Cumbre de las Américas se solidarizaron este sábado con Ecuador y su gobierno por el asesinato de los tres periodistas de ese país que habían sido secuestrados en la frontera con Colombia, atribuido a un grupo disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC). Moreno dijo que incluyeron al "narcoterrorista alias Guacho" en la lista de los "más buscados de Ecuador" y ofreció una recompensa de 100.000 dólares por información que conduzca a su captura en Ecuador o en Colombia.

Moreno habló después de que una fecha límite de 12 horas terminó cuando los captores no demostraron que los rehenes seguían con vida.

Una vez que el ultimátum se venció, cerca del mediodía del viernes, Colombia y Ecuador emprendieron operaciones militares coordinadas en la convulsa zona fronteriza para dar con los asesinos.

"La población pide generalmente presencia de la mano dura, militar y policial, cuando en muchos casos no sea lo más correcto (.) pero la población funciona con un sentido de venganza cuando lo que se necesita es justicia", dijo a la AFP el experto en seguridad Fernando Carrión.

Ecuador afronta una inusitada oleada de violencia y ataques a la fuerza pública en el área de Mataje desde enero pasado, que deja siete muertos y 42 heridos entre civiles y uniformados.

Esta violencia es una secuela del acuerdo de paz que condujo al desarme de las FARC, organización que controlaba territorios que ahora están en disputa entre desertores rebeldes y bandas de origen paramilitar.

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