Nada de poner lista de precios a los sacramentos — Papa Francisco

Papa Francisco

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Tras el acuerdo anunciado por el Episcopado para renunciar de manera progresiva a los aportes del Estado, el Papa Francisco remarcó hoy que a la Iglesia 'la mantienen los fieles'.

Entrando en el templo, donde se vendían "bueyes, ovejas y palomas", en presencia de los "cambistas", Jesús reconoce que ese lugar estaba poblado por idólatras, hombres dispuestos a servir "al dinero" en vez de a "Dios". Y los ídolos esclavizan”.

"Esto llama nuestra atención y nos hace pensar cómo nosotros tratamos nuestros templos, nuestras iglesias; si verdaderamente son casa de Dios, casa de oración, de encuentro con el Señor; si los sacerdotes favorecen eso". "Pero cómo, ¿los sacramentos se pagan?".

"A veces he visto –no aquí en Roma sino en otra parte– una lista de precios".

'No, sino que es una oferta'. Pero si quieren dar una ofrenda - que tienen que darla - que la pongan en la caja de las ofrendas, sin que nadie vea cuánto das.

"El pontífice -refirió Vatican News- advirtió también a la Iglesia: "¿Cuánto se murmura en las parroquias?", preguntó, poniendo en evidencia que cuando hay "un testimonio que no me gusta o una persona que no me gusta, de inmediato se desencadena la murmuración". Sí, sí, sí, verdaderamente'. "Que la mantengan los fieles, pero en la cesta de las ofrendas, no con una lista de precios", advirtió.

El Pontífice pone en guardia también contra la tentación de la mundanalidad.

"Pensemos en algunas celebraciones de algún Sacramento quizá, o conmemoraciones, donde tú vas y ves: tú no sabes si la casa de Dios es un lugar de culto o un salón social". Algunas celebraciones se aproximan a la mundanidad”, aseguró. También es una idolatría. Esto nos hace pensar, y también a nosotros: cómo es nuestro celo por nuestras iglesias, el respeto que tenemos allí cuando entramos.

El Papa también reflexionó sobre la primera lectura de San Pablo a los Corintios, precisando que el corazón de cada uno es "un templo: el templo de Dios". Si bien con la conciencia de ser todos pecadores, cada uno debería interrogar su propio corazón para verificar si es "mundano e idólatra".

"No pregunto cuál es tu pecado o mi pecado". Porque cuando está el pecado, está el Señor Dios misericordioso que perdona si vuelves a Él.

Fue durante la homilía de la misa matinal en Santa Marta, ocasión en la que aprovechó para advertir sobre el riesgo de caer en la idolatría del dinero que, a su juicio, está en la raíz de la corrupción: "El núcleo de la corrupción es justamente una idolatría: es haber vendido el alma al dios dinero, al dios poder". Pero si está el otro señor - el dios dinero - eres un idólatra, un corrupto: ya no un pecador, sino un corrupto.

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