Descubren participación femenina en iluminación de manuscritos medievales

Pigmento de lapislázuli atrapado en el cálculo dental de la mandíbula inferior de una mujer

Pigmento de lapislázuli atrapado en el cálculo dental de la mandíbula inferior de una mujer

Los investigadores detallaron que los dientes pertenecen a una mujer enterrada en el cementerio de un monasterio femenino en Alemania, alrededor de los años 1.000 y 1.200 de nuestra era.

El medio precisa que los científicos creyeron durante mucho tiempo que los monjes fueron los principales productores de los manuscritos ilustrados de manera compleja durante la época medieval.

El análisis de los expertos conduce a concluir que la mujer probablemente pintaba textos religiosos iluminados con costosas pinturas y pigmentos, entre los que se incluían el pan de oro y el fabricado con lapislázuli, que dejó el tono azul hallado en sus dientes.

Hay pocos registros del propio monasterio, porque fue destruido por un incendio después de una serie de batallas cercanas durante el siglo XIV, pero los registros escritos datan de 1244.

Un equipo internacional de investigadores ha logrado identificar trazas de un lujoso pigmento azul (lapislázuli) en la placa dental calcificada de una mujer que fue enterrada en el pequeño monasterio de Dalheim en Alemania hacia el año 1100. No tenía patologías esqueléticas particulares, ni evidencias de trauma o infecciones.

"Fue una completa sorpresa, ya que el cálculo se disolvió y lanzó cientos de diminutas partículas azules", recuerda Anita Radini, de la Universidad de York. Un análisis cuidadoso utilizando varios métodos espectrográficos diferentes, incluida la espectroscopía de rayos X de dispersión de energía (SEM-EDS) y la espectroscopía micro-Raman, reveló que el pigmento azul se realizó a partir del lapislázuli. "Sobre la base de la distribución del pigmento en su boca, llegamos a la conclusión de que el escenario más probable era que ella misma estaba pintando con el pigmento y lamiendo el extremo del pincel mientras pintaba", afirma Monica Mrom, del Max Planck.

El uso de pigmento ultramarino hecho de lapislázuli se reservó, junto con el oro y la plata, para los manuscritos más lujosos. "Solo a los escribas y pintores con habilidades excepcionales se les habría confiado su uso", dice Alison Beach, de la Universidad Estatal de Ohio e historiadora del proyecto.

Los responsables de la investigación señalan que este "descubrimiento inesperado" en la boca de una fémina del siglo XI en la Alemania rural "no tiene precedentes". En un momento histórico en que muchas de las mujeres involucradas en la producción de manuscritos no firmaban su obra, este sorprendente hallazgo del pigmento azul podría desvelar la historia perdida de una pintora del siglo XII. La baja visibilidad del trabajo de las mujeres en la producción de manuscritos ha llevado a muchos estudiosos modernos a suponer que las mujeres tuvieron poca participación en ello.

Los hallazgos de este estudio no solo desafían algunas creencias sobre el trabajo femenino, sino que también descubren una historia de vida verdaderamente notable.

"Estaba insertada en una vasta red comercial global que se extendía desde las minas de Afganistán hasta su comunidad en la Alemania medieval a través de las metrópolis comerciales del Egipto islámico y la bizantina Constantinopla", explicó Michael McCormick, de la Universidad de Harvard (EU), otra de las instituciones participantes en el estudio.

"Aquí tenemos evidencia directa de una mujer, que no solo pintaba, sino que lo hacía con un pigmento muy raro y caro, y en un lugar muy apartado", dijo Christina Warinner, autora principal y antropóloga del estudio en el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, en un comunicado.

"La historia de esta mujer podría haber permanecido oculta para siempre sin el uso de estas técnicas. Me hace preguntarme cuántos artistas podríamos encontrar en los cementerios medievales, si simplemente echáramos un vistazo".

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